tu silencio es como de monasterio dormido, eso es,

cuando tu aliento no descansa, ni tarde ni temprano

y las almohadas se caen,

y las sábanas se confunden,

y todo el azul conquistado amanece añil

anoche soñé murciélagos diurnos
mounstros de una belleza incierta (a veces coloreada)
una antorcha que no funcionaba en una ciudad desnuda
yo apartaba mi mirada
pero mi mirada eran todas las ventanas

y yo no era ese
pero ese era yo

me propongo no volver a ese lugar de almohadas frías
a firmar tratos a ciegas con la noche
a despertar y huir nefasto

lo mio es de una brillante oscuridad…

como un silencio escrito me arrastré tras mi sombra

el frío se cansó de buscarme

y

despacito pinté todo mi aire

mojado de color

hay  un vacío azul en la ventana, una rama apagada más allá,

un viento verde, un perro lejáno,

lo más antiguo: el canto de un ave

vivir en un techo implica acostumbrarse al cielo

primero fue el hidrógeno

después el helio

de ellos

nació el carbono

y

tras

todo

eso

en recto orden de importancia

llené de mi aliento el altar de flores que hoy te regalé

no celebrábamos nada en particular

y todo en concreto

o mejor dicho:

yo te celebraba a ti

tu pintabas tu cara

mientras yo cantaba

afuera nevaba

los corazones llenos de aire daban color a las nubes

 

decir te quiero

es ser sincero

que cada beso amordace cada segundo

que nos abracemos más de lo que nos miramos

que no nos confrontemos los pesares

para hacernos más livianos que las almohadas

que nos alimentemos de lo mismo que las nubes

que fundemos una nueva bandera

y cantemos un nuevo himno

hecho de tu piel

y mi esperanza

hubo días de memorias quebradas

encuentros universalmente amables

parques con olor a naranjos

otros soles, otras lunas

y hasta algún que otro idioma nuevo

ahora, sentados así en un banco de cuadraditos azules y blancos

justo dónde termina la sombra y empiezan los minutos

se me ocurre que podríamos aprender a besarnos

de nuevo

por favor, no me cambies la esperanza

y si vas a hacerlo, que sea de noche

aun me queda día

crujir las hojas con los pies descalzos

contemplar la génesis de los ocres

cuando el sol atraviesa los rojos

se comprende

que en el cuerpo de las estaciones

el otoño es la sangre

y yo que vengo de una nación de inviernos

ahora respiro mejor en esta estación de lo caduco

confirmando que camino feliz

hacia el verano de mi vida

y que antes de morir

seguras

florecerán mis primaveras

hoy voy a leer un nuevo libro de poesía bajo la lluvia

uno que por una vez no tenga ni la palabra nostalgia ni noche ni olvido

pero no voy a dejar que se mojen sus letras

antes las esconderé en mi boca

las voy a esculpir con los dientes

a licuarlas en el estómago

y a cagarlas despacito por la mirada

 

tanta corteza por cambiar

descubrir las edades

tantos copos por derretir

nubes sedentarias

viento nómada

tanta vida por quemar

para atentar contra el frío

invierno tanto

tengo el optimismo obituario de última página

allí donde mire se abre una errata

irreconciliable con lo correcto

sólo los árboles me calman

las flores que desfilando me devuelven mi sonrisa

involuntaria

Tengo extrañas añoranzas a veces, de momentos que no viví, que no vi, que pienso varias veces al día, y que siento dentro mío algunas noches como hoy. Cada día que leo los poemas de Pizarnik durante los viajes en tren (como un credo), pienso en lo que tuvo que sufrir por su des-amor, tuvo que ser algo más allá de lo comprensible para el mismo amor, recuerdo una Bohemia añorada que no viví de un París de entre-guerras amando a Anaïs Nin tras un escenario, imaginar una noche en un prostíbulo junto a Miller y Bukowski, sentir el amor de un Chagall pintando a su amada volando, ser el primer cínico en la antigua Grecia… todo eso pasó, y me pasa, y está en mi, como la mirada inconcebible de un Artaud en “La pasión de Juana de Arco”.

Siento las lágrimas de mi reverenciado Nietzsche llorando una noche a una prostituta en una esquina, porque ni todo su dinero pagaría una hora con ella, sentí la culpa de un Benedetti por sentirse feliz un día en un parque de atracciones olvidándose del día siguiente en su maldita oficina, vi a un jovencísimo y confundido Hitler pintando cuadros con pasión y esperanza en un gélido cobertizo de Viena, imagino el frío de la cueva en la que Shimon Bar Yojai escribió el Zohar, las primeras lágrimas de Buda, el dolor del rabino Yoshua (Jesús) tras sentir el primero de los clavos en su mano, pienso tantas veces en lo que Dalí pensó que pensarían de su primer cuadro surrealista, ¿y si Baricco hubiese pensado que su “Seda” era un cuento estúpido para niños? ¿y si el coronel Buen Día nunca hubiese recordado la tarde en que su padre lo llevó a conocer el hielo?. Siempre me pregunté: ¿habrá llorado Mozart con su  propio Requiem?. Y Lao Tse, ¿era un extraterrestre?, no pudo escribir el Tao Te King siendo humano… hasta la física cuántica más avanzada lo alaba hoy.

Mi vida es mi vida, nunca será comparable a otra vida, pero siento en mi otras vidas, algo que no se explicar. Hay veces que cuando toco la guitarra siento que es Wes Montgomery el que me guía, la mayoría de mis poemas (sobre todo los que a posteriori considero los mejores) no los recuerdo tras escribirlos, no pienso en ello cuando escribo, salen solos. Cuando hago fotos, y curiosamente, las veces que más me ha gustado el resultado, son momentos en los que ni respiro (literalmente), no puedo pensar racionalmente, algo dentro mío mueve los mecanismos de la cámara, enfoca, y dispara, no soy yo, y soy yo.

El día que tuve ante mi el original de “Ophelia” de Everett Millais no pude ni entender la propia realidad que me rodeaba, cuando miré el reloj llevaba una hora delante de el cuadro, cuando ví “el poeta viajero” de Moreau tuve que arrodillarme ante el libro que tenía delante de mí, cuando entendí la magnificencia de toda la “Divina Comedia ” de Dante ni siquiera el verbo admirar funcionaba, y los cuadros oscuros de Goya, como el jardín de las delicias de Hieronymus Bosch provienen de más allá del inconsciente de Freud, y llegan más allá.

Hay ciertas melodías que mi alma no atina a comprender sin llorar: el “preludio de la suite numero 5” de Bach en do menor, el segundo nocturno de Chopín en mi menor (y un par más), “Gli Occhi di Salgado” de la “Nuova compagnia di canto popolare”, la versión cantada de “Almost Blue” de Chet Baker, ”Nutshell” de Alice in Chains, “La memoire du silence” de Erik Trufaz, entre otras… y no dejo de pensar:  ¿cómo coño pudieron hacer eso? ¿fueron ellos sólos? o quizás ¿fueron violados por la diosa Musa en aquel momento?.

Hay tanta belleza en este mundo, tanta… que no puedo asimilarla a veces, y no quiero, y no debo. Otras veces no la entiendo, ni siquiera la soporto, pero la siento, y la agradezco.

Nunca en mis “artes” pretenderé llegar a nada, nunca querré ser “tan bueno como…”.

Hace poco alguien me preguntó/increpó: “pero todo lo que has escrito, las melodías que has compuesto, lo que has fotografiado, ya lo han hecho”. Mi respuesta es: me da igual, soy yo el que al final compuso esto, o fotografió aquello, o lo describió así con palabras. Soy yo, y soy todos, y no pretendo ser más que todos, ni menos que yo, simplemente, lo hago porque me gusta,  porque es lo único que se hacer, y sobre todo:

porque no puedo evitarlo.

“tantas penas como las tejas de un tejado, algunas propias, otras ajenas”

Modelo, maquillaje y estilismo: Virginia
Asistente: Oana Sauciuc
Fotografía y edición: Maxi Kohan (kohanart)
Musica: “Strange Fruit” por Billie Holiday

yo no puedo no desearte

años de ensayos borrosos

lustros de intentos baldíos

pero

pronunciar tu nombre es encumbrar un vacío

que no duele, porque no canta

nunca aprendió a cantar

una última mirada antes de desterrarte para siempre

ante de que se pudra el mismo olvido

antes de que el viento arrase con tu nombre mis ciudades presentes

no hay ni un sólo color en el adiós

ni nunca nos conocimos realmente

bramaron trompetas como de apocalípsis

durante un segundo traspasamos con flechas los pasados

matamos a Goliath, secuestramos a David

la palabra “vacío” me empezó a aburrir

la palabra “vacío” empezó a despedirse de ti

pero el camino a casa era demasiado brillante

tanto que enceguecía los atajos a nuevos mundos

y tuvimos que volver cada cual a su hogar tranquilo

quedaron vivas las distancias

el sonido de las trompetas

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Siempre me adelanto a los inviernos.

he hecho lo que me pediste

he desterrado el manto negro como abrigo

me he esforzado por construirme a mi imagen y semejanza

limpié toda la sangre de las sábanas

no confundo ya lo heroico con lo cobarde

si, es mejor caminar que arrastrarse

perderse por nuevos caminos que arar los mismos surcos

nunca volver por el mismo lugar a casa

ver más allá de la neblina

abrir las ventanas como acto de fe

(aprender a creer es todo un ejercicio)

“Protocolo de ausencias”

Alguien me preguntó recientemente sobre mis registros, sobre la capacidad de pasar de hacer fotos a una delicada flor, a imágenes de sexo duro, bebés, erótica,  etc… mi respuesta es: cuando uno se casa con el arte es en la salud y en la enfermedad, en la luz y en la oscuridad, en lo púdico y lo irreverente. La curiosidad total radica en investigar la vida en todas sus formas, sin ningún tipo de límite o tabú. En todo y en todos subyace un angel y un demonio, quiero decir, las energías encontradas están dentro de cada uno de nosotros, eso se llama "ser humano", sentimos amor, rabia, frustración, alegría, nos sentimos atractivos, feos, interesantes, aburridos, etc… y todo eso puede pasar en un día, pensar lo que es en toda una vida. Es muy importante saber aceptarlo (aceptarse) sin miedo. Eso es lo que me gusta sacar muchas veces de mis modelos, poder conseguir que se vean como ni ell@s mismos se habían visto, sacarles del interior los ángeles y los demonios.
Creo que la fotografía, el arte en general debe ser anti-represivo por natura, y el artísta, fotógrafo en mi caso, no debe temer:
1-lo que digan los demás.
2-lo que uno piensa que van a pensar los demás a la hora de publicar o exponer algo.
3-sacar partido de las frustraciones, fantasías o deseos ocultos tanto como de la luz que nos rodea.
Todo esto no pretende ser aleccionador en ningún sentido, es sólo mi humilde opinión y visión de las cosas.
Gracias a todos por mirar.

“No puedes ni imaginar lo aterrorizado que estoy”

“Paraíso caducado”

“Ni todas las palabras de todos los libros serían suficientes para describir cuanto te quiero”

“Sólo hay un amanecer por día, aprovéchalo”

“Al menos aprendiste a volar”

He tenido un gran debate interno sobre si publicar o no esta foto, sobre todo tras ver la reacción de una persona en cuanto se la enseñé, cerró los ojos, y apartó la imagen con la mano, gruñido incluido, esto me hizo reflexionar sobre una obviedad bien conocida en fotografía y arte general: dos personas no ven/perciben/sienten lo mismo ante un mismo objeto. Así que pensé que esta foto heriría la sensibilidad de algunos, no es agradable ver la muerte, por muy artística que esta se presente, y al final llegué a las siguientes conclusiones.

Eros y Tánathos, son los temas de todo el arte universal, no hay más, de ellos parte todo, y en base a ellos vivimos, sin embargo solemos refugiamos, por miedo o por inconciencia, siempre en el Eros, que es “agradable”, “limpio”, “colorido”, “placentero”, etc… como ya desde hace siglos sostienen todas las religiones orientalistas, el Eros y el Tanathos no son contrarios, sino complementarios, ¡cuan perdidos estamos en occidente con eso de las dualidades!, pero esto es tema de otro artículo.

Si es la vida la que decidí retratar un buen día (sean flores, niños, mujeres desnudas o la pata de una silla) tengo que ser consecuente hasta el extremo. Esta imagen es un recuerdo de la vida, aún retratando la muerte. La frase “al menos aprendiste a volar” quiere decir “viviste todo lo que pudiste, volaste, amaste, criaste un nido”.

Es además, de hecho, la muerte la que apremia la vida, el recuerdo de su presencia inmutable y omnipresente es lo que nos obliga a hacer de cada día algo único y más precioso que un diamante (o al menos debería).

No hay nada grato en la muerte, ni tampoco ingrato, es como debe ser, quizás el único imperativo categórico válido.

La muerte es la entelequia de la vida.

querida sociedad, si me estoy rascando las pelotas no es porque sea un vago

es que nada de lo que me ofreces me interesa lo más mínimo

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