vientolvido

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De tu recuerdo quedaron al fin gotas aisladas, toneladas de humo y vino barato ayudaron bastante, además de un riguroso ritmo de trabajo duro para que mi cuerpo se canse sin tenerte presete hasta en mis sueños, así durante semanas, y aunque aun quedaba algo de ti (tu ausencia lo llenaba todo al principio) ya al menos no dolía.
Pero volviste a aparecer de la forma más inesperada, sutil y violenta. Una mañana, sin previo aviso, una muy tenue brizna de tu olor se escapó a todos los lavados del edredón que había sido nuestra bóveda celeste, bastaron esos dos átomos en mi nariz para revivirte, para inutilizar tantas semanas de esfuerzo.
Mi último acto poético para desaparecerte fue dejar que el viento te lleve lejos, y no me diga nunca donde.

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