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vientolvido

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De tu recuerdo quedaron al fin gotas aisladas, toneladas de humo y vino barato ayudaron bastante, además de un riguroso ritmo de trabajo duro para que mi cuerpo se canse sin tenerte presete hasta en mis sueños, así durante semanas, y aunque aun quedaba algo de ti (tu ausencia lo llenaba todo al principio) ya al menos no dolía.
Pero volviste a aparecer de la forma más inesperada, sutil y violenta. Una mañana, sin previo aviso, una muy tenue brizna de tu olor se escapó a todos los lavados del edredón que había sido nuestra bóveda celeste, bastaron esos dos átomos en mi nariz para revivirte, para inutilizar tantas semanas de esfuerzo.
Mi último acto poético para desaparecerte fue dejar que el viento te lleve lejos, y no me diga nunca donde.

A-noche

Habia una música extraña en el caos, una sinfonía de metales sordos que se arrastraban pesados entre el sonido, no era una noche cualquiera, la lluvia no mojaba y el frio descongelaba las armonías, yo estaba cansado del reflejo de mi en los demás, olvidé el sol y dejé caer las estrellas sin órbita aparente, fué justo en el momento en el que el destino dejó de importarme, y las razones dejaron de razonar conmigo.

Empecé a existir sin nacimiento,
sin principio,
nuevo.

El mañana se descontextualizó frente a mis ojos y dejé de caminar,
así me convertí en viento nocturno.

Refugio

©Maxi Kohan

 

Esta mañana confundí la niebla con la lluvia, cuando me di cuenta ya era tarde, no había vuelta atrás a ningún hogar, no había ya hogar, sólo agua y frío blanco.
Desde adentro el instinto me llevó de la mano a buscar un refugio, encontré el refugio (o él me encontró a mi), esperé respirando neblina hasta que el viento se tragó las nubes, dí las gracias a las hojas y la roca por protegerme.
La lluvia se fue, el refugió se quedó, por si cualquier otra mañana me vuelvo a confundir.

el vigilante de suicidas

A los pies de monte Fuji en Japón existe un hermoso bosque llamado Aokigahara, a su entrada un cartel advierte: “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. No te lo quedes dentro, habla de tus problemas”, debajo un número de teléfono de ayuda al suicida.

A este bosque acuden decenas de personas al año para quitarse la vida, o pensar al menos seriamente en esa posibilidad. Se adentran en el bosque esperando llegar a un punto de no retorno dónde se pierdan, y a veces, tras días de acampar allí toman su última decisión. Algunos toman pastillas para dormir, lo cual no siempre es efectivo, la mayoría se ahorcan, a sabiendas de que es una de las muertes más rápidas y eficaces. El bosque a partir de un cierto punto, más allá de los caminos marcados, está lleno de cordeles y cuerdas que indican el camino de vuelta de los suicidas, así, los que no están convencidos del todo pueden volver a sus casas.

Azusa Hayano, geologista especialista en la zona se ha autoproclamado “vigilante de los suicidas”, el va caminando entre lo frondoso del bosque, siguiendo pistas y cuerdas de caminos a veces sin retorno, otras veces encuentra a alguien, le recuerda que está prohibido acampar en ese bosque y le pide con suma cortesía japonesa que sea positivo.

Sostiene el señor Hayano que ninguno de nosotros está realmente solo en esta vida, el tiene curiosidad por entender porqué la gente se suicida en un lugar tan bonito, y tras mucho tiempo investigando aún no ha encontrado la respuesta.

marrón glacé

En el tren de vuelta a casa se sentaron enfrente mío una parejea de viejecitos, uno frente al otro miraban por la ventana, no hablaban entre ellos pero sí se intercambiaban caramelos, era un dialecto de azúcar, y tanta maestría destilaban que hasta sus miradas eran de glucosa y las montañas tras las ventanas de marrón glacé.

pedestales vacíos

La ciudad amaneció con los pedestales vacíos. Aprovechando la luna nueva cada estatua salió en busca de su creador, huestes de mármol y metal pisaban las calles, huellas sin ecos, ecos sin sonidos, sólo los edificios fueron testigos, y un gato anaranjado que pasaba por allí.

Salió el sol, y la ciudad amaneció sin ningún escultor.