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¿Estáis de verdad preparados?

En los pasados días Irán lanzó misiles a Irak, hay bombardeos ya a 25 kilómetros de la frontera con Polonia. No, no van a bajar los precios otra vez, si, si va a haber escasez, el dinero va a perder su valor, los que vivan en las ciudades son los que peor lo van a pasar. Aún siendo colapsólogo no quise ser alarmista, pero últimamente las señales son ENORMES. Economistas de todos los colores en el mundo están avisando, (la deuda pública española, por ejemplo, es DESCOMUNAL y no parece que el gobierno relaje gastos), no digáis que no se sabía.

Os recomendaría empezar a crear redes en vuestros edificios, barrios y pueblos, a cultivar todo lo que podáis, no creo que papá-estado vaya a estar a la altura de ayudaros, nos toca a nosotr@s ahora, a la sociedad civil.

Perdón por soltar esto, al final sólo me leen tres colegas, pero me siento en la necesidad de zarandear a mucha gente que veo dormida mirando la TV, mejor dicho, mirando lo que la TV quiere que mires. Si tienes dinero, has comprado una casa o un coche caro vas a querer cambiar todo eso por un mendrugo de pan cuando no haya comida., y si tienes criptomonedas o inversiones y no hay luz, de muy poco te van a servir.

Queda esperanza, esa esperanza eres TU: haz, aprende, crece, no esperes que nadie te vaya a rescatar, únete a tu vecin@.

Esto va para los de derechas, izquierdas, centros, arribas, abajos, indepes, no indepes, fluides, ricos, pobres, supervivientes, abanderados y desbanderados, blancos, negros, amarillos y magentas, viejos, jóvenes y sobre todo a los niños que vienen.

(Foto: Maxi Kohan)

Jinwar, la libertad desconocida

Jinwar es una palabra que casi nadie ha oído, un lugar que casi nadie ha visitado, es ese rincón del que nadie habla ni se ha interesado, Jinwar es un bello ejemplo, un oasis en su zona, un experimento necesario en esas latitudes que resuenan lejanas, pero que están a pocas horas de avión.

La mayoría no lo conoceréis porque es relativamente nuevo, por ignorancia mediática o por connivencia internacional, y quizás por la pereza de investigar que existe en sociedades acomodadas como en la que yo vivo (España), dónde los canales de TV, prensa, debates vacíos y tertulias repetitivas ocupan todo el espectro (des)informativo, y los medios además de estar absolutamente manipulados según qué partido político o que  grupo empresarial, están creados sólo para asustar, ganar dinero con publicidad, generar alarma, miedo y aislamiento.

Otra aclaración antes de descubrir porqué Jinwar es tan fantástica.

Tengo la suerte de vivir en un país que está muy a la cola a nivel mundial de países inseguros, dónde aunque quede camino por construir aún, tenemos una constitución que no es discriminatoria, dónde cada mujer es libre de decidir cómo vestir, cómo expresarse, manifestarse, votar, elegir con quien salir o tener relaciones sexuales, divorciarse, denunciar libremente, trabajar y viajar dónde quiera. Puedo estar orgulloso de vivir en un país dónde no se mutila con una cuchilla el clítoris de sus mujeres (una de cada 20 niñas y mujeres han sufrido alguna forma de mutilación genital femenina según la ONU, son unos 200 millones)

Me he pasado horas estudiando estadísticas mundiales sobre violaciones, denuncias de maltrato sexual, prostitución forzada, discriminación, ablación de clítoris, matrimonios forzados, abusos a menores y mire la fuente que mire, España está muy muy muy lejos de los países dónde es más difícil vivir para las mujeres. Desde aquí deberíamos más que apreciar, defender la belleza que representa Jinwar.

Si viajas al norte de Siria, a la parte occidental del distrito ed-Derbasiah del cantón de al-Hasakah cerca de la colina Kebaz encontrarás Jinwar, cerca de las aldeas de Karkand, Harba, Atishan y Kirwan.

Jinwar es un oasis, un experimento de paz para las mujeres que tantísimo han sufrido en ese lugar del mundo, un lugar creado por y para las mujeres, defendido por ellas mismas, bajo el auspicio del pueblo al que pertenecen: los admirables kurdos. Uno de los pueblos más antiguos de la humanidad, quienes más han ayudado a luchar contra la violencia del ISIS, de Saddam Hussein, y de todas las teocracias suicidas de la zona, dónde una mujer, después de la revolución de Rojava, no sólo es libre, si no que puede enfundarse un fusil como cualquier soldado. Yekitiya Star, su movimiento feminista es sin duda un ejemplo para todos esos países que están a la cola en libertades femeninas.

Un lugar de encuentro para ellas, de autosestenibilidad, de aprendizaje, de apoyo mutuo, un lugar donde estar a salvo y aprender a ser más fuertes e independientes. Muy alejado de esos infiernos como India, Arabia Saudí, Siria, Nigeria, Somalia, Congo, Yemen, Pakistán y EEUU (sí, EEUU está en la indecorosa lista de los 10 lugares más peligrosos para las mujeres). En Europa la cosa está bastante mejor que en el resto del mundo según todas las estadísticas, a excepción asombrosamente de Suecia, con unos índices dramáticos.

Las mujeres kurdas son un ejemplo de superación pocas veces mencionado, ni siquiera por las voces feministas.

No me voy a extender en este artículo sobre lo que es esa aldea, porque basta teclear el nombre de Jinwar en internet para obtener reportajes y noticias de aquel lugar. Os invito a hacerlo, hay mucho material en español también.

Si lo menciono ahora, día 7 de octubre de 2019 es porque ese lugar peligra. En el momento en el que escribo este artículo la artillería Turca ha empezado a resonar muy cerca, y el poblado ha tenido que ser evacuado. Esto ocurre porque otra vez (han sido varias) EEUU después de utilizar a los kurdos, a quien todos deberíamos estarles más que agradecidos, los ha dejado a su suerte, permitiendo que Turquía haga lo que quiera en la frontera Siria. Las sanciones internacionales han sido tibias con el régimen de Erdoğan, como siempre. Cabe aclarar que más que EEUU ha sido una decisión personal de su presidente, porque ni el Pentágono, ni el Departamento de Estado ni muchos políticos del partido de Trump han estado de acuerdo. EEUU sabe que no apoyar a sus aliados le traerá graves consecuencias en el futuro.

Me hubiese gustado que estos días en que vivimos una muy necesaria visibilidad sobre la violencia de género, callada durante tanto tiempo, se escuchasen voces más claras de apoyo internacional hacia esas mujeres que no tienen ni un 5% de lo que en occidente hemos ganado. Claro que aún nos queda camino por recorrer aquí, no lo niego, pero no es ni comparable con lo que sufren millones en silencio en tantos lugares del planeta.

Y puestos a pedir, exigiría al gobierno de España que no comercie con países dónde la mujer está en peor situación que en el Medievo europeo.

Dejo aquí un párrafo extraído de la Secretaría de Comercio Español:

Como el resto de países que conforman el CCG actualmente, las relaciones bilaterales entre la Unión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -al que pertenece el Reino de Arabia Saudita, junto con Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar- se enmarcan en el Acuerdo de Cooperación de 1989.G, hasta el momento, Arabia Saudita es beneficiaria del Sistema de Preferencias Generalizadas de la UE y, por tanto, sus productos pueden entrar en el mercado comunitario en condiciones preferentes.

No sólo comerciamos con países enemigos de las mujeres, si no que por ejemplo Arabia Saudí tiene condiciones preferentes. Hablo de un país dónde los latigazos y la cárcel están a la orden del día para aquellas que levanten la voz y quieran vivir como se vive aquí. Eso sí que es Patriarcado en mayúsculas.

Mientras tanto Jinwar está vacía, porque nadie ha hecho nada.

Maldita hipocresía.

mujeres kurdas(Reuters)

 

Adagio kamikaze

adagio kamikaze

 

A mis vecinas

Vivo en un barrio obrero, de esos sin personalidad arquitectónica ni urbanística, panales de abejas monstruosos, construidos mal y deprisa, con paredes (digo pared por ser educado con el arquitecto) de papel. Se escucha cada alegría y cada reproche, pero en mi casa somos educados, en mi familia nunca tuvimos costumbre de hablar alto, no nos gusta gritar o abanderar quejidos, ni subir volúmenes que resulten ofensivos, yo cuando quiero intensidad me pongo mis cascos, me meto en mi mundo egoísta y me arranco por bulerías a todo volumen en privado, hablamos bajito incluso a latas horas, perdón, digo altas, pero mis vecinas no, madre e hija, genéticamente acompasadas se pasan el día gritándose la una a la otra consignas como “trae la coca-cola”, “ pero por qué pollas X o Y” y lo peor, es que tienen tele nueva, seguro que muy grande para la minúscula habitación y con buenos altavoces apuntando justo a la pared/membrana contigua a donde duermo, las oigo cada noche comentar “Gran Hermano”, “Master Chef” y demás programas del estilo, como si fuera el último discurso de Stalin alentando la guerra obrera a toda una nación. Yo, en arranques de mal humor a veces, confieso que he golpeado la pared, siempre a partir de las 23:30 por respeto ciudadano, aunque lleve desde las 22 intentando dormir, porque gusto de madrugar, y ellas, bueno, alguna alusión sentirán porque bajan un “poquito” el volumen, se quejan en voz alta, pero siguen con su ocio ocioso y su altavoz puntero 3D de última generación

Esta semana lo aguanté estoico, un par de noches estaba tan nervioso que hasta dejando de fumar me encendí un par de pitis, otra noche lloré de la desesperación recordando cuando vivía solo en la montaña, en un cortijo donde el silencio nocturno hasta asustaba, se oían incluso las estrellas bostezando, el descanso era obligatorio allí para el alma.

Pero esto es la ciudad, la guerra urbana, así que viernes por la noche, después de una semana de nominaciones absurdas en la TV decidí contraatacar.

Es cierto que quizás intentar dialogar sería una opción, llamar a su puerta y decirles “mira, me levanto muy temprano y necesito dormir”, pero confieso que me da vergüenza, porque también es cierto que no es que sean “killers” del volumen, ellas disfrutan con eso y lo respeto, lo que no entienden es que a mí su ocio ocioso no me interesa en absoluto. Ser educado, sólo serviría para que me mirasen como a un loco. Ellas están acostumbradas al griterío, las altas voces y las paredes/membranas de papel, me escucharían, me dirían “si, si” y volverían con su adorado “Gran Hermano” (por cierto, ¿de qué va eso? no tengo nada en contra de los concursos, de competir, de plantear estrategias, de superarse, pero eso no lo entiendo).

Así que, dado que mañana es mi día de descanso, de mi “nada”, no ejercicio físico, no madrugar, sólo descansar, decidí egoístamente vengarme.

Y mi venganza no fue golpear la pared, ni tocar su puerta, ni gritarles. Mi venganza fue poner mi pequeño altavoz apuntando directo a nuestra pared/membrana contigua, como los cañones de una gran armada naval cristiana dispuesta a hundir a los Otomanos, y hacer sonar el concierto para piano Nº 23 de Mozart, especialmente a buen volumen su segundo movimiento, el adagio, dónde la fuerza, lo romántico y la calma se conjugan perfectamente, ingenuo pensé que entenderían el acto transformador de la belleza, me las imaginé llorando y temblando en el suelo bajo el síndrome de Stendhal (si, soy demasiado iluso para este barrio) pero ellas contraatacaron subiendo el volumen, me enteré que una tal “Adara era la favorita” y “que el maestro Joao era un falso y que “les faltaba coca-cola”, no me rendí, y si el 23 de Mozart no fue suficiente emprendí la contienda otra vez con el concierto para piano Nº 20, insistí con Mozart por ser clemente (la dodecafonía de Shoemberg era la artillería pesada que me reservaba para casos extremos, sólo en previsión de una guerra nuclear mundial me atrevería).

Su volumen fue incontestable, me creí aplastado, su tecnología era mayor, pero recordando las estrategias de un Blas de Lezo del siglo dieciocho defendiendo Cartagena de los ingleses ( en clara inferioridad y aprovechando su experiencia) hice acopio de mis armas armónicas, acerqué más mi altavoz a la pared, volumen 6 de 10, la misma pared empezó a vibrar ligeramente, entonces me dije “no podrán con Beethoven”, el heavy metal de la época, así que me arranqué con su séptima sinfonía, era fuerte al inicio, hermosa, real en el sentido de “realeza”, relajada pero incontestable en su primer movimiento, había una regia y tensa calma allí, pensé que eso las haría recular aunque en su vida hubiesen oído música clásica más que en algún anuncio de TV, me dije “el segundo movimiento es capaz de hacer llorar a un minotauro furioso, eso las aplacará». Esperé todo el primer movimiento, volumen 7 de 10, ya las paredes a ratos vibraban un poco más, “cuando empiece el segundo van a flipar” me decía yo iluso, pensando que lo que para mí era belleza lo sería para ellas también, motas de pintura empezaron a caer del techo. Pero no hubo respuesta satisfactoria del otro lado, hablaron aún más alto, el hermano de la hija que gritaba al otro lado era un capullo, y sus compañeras de clase también, y el vecino, y el colega, y el otro, y el otro, Jorge Javier alentaba a Belén Esteban a reprobar a otra concursante. Me aumenté, 8 de 10, sin embargo su altavoz era claramente más poderoso, pensé que la batalla estaba perdida, pero no contaron con mis conocimientos técnicos, recordé que EEUU ya está trabajando en el campo de las armas sónicas (deben de haber tenido ya varias vecinas como las mías), acerqué el altavoz a la columna maestra del edificio que pasaba por mi casa, subí al 9, y aunque mi sonido fuese menor que el suyo, hizo reverberar a Beethoven en cuatro plantas a mi alrededor. Lo que intentaba era conseguir un fenómeno físico llamado “cancelación activa de ruido”, pero a lo bestia, es muy sencillo: el sonido se transmite en forma de ondas sonoras. Diferentes sonidos provocan diferentes ondas sonoras que se suman entre ellas para dar una sola onda (que es lo que nuestro oído percibe). Cuando tenemos ondas sonoras de la misma frecuencia en un mismo espacio hablamos de interferencia. Estas interferencias pueden ser constructivas o destructivas, según si la onda resultante tiene una amplitud mayor o menor a la onda de interés. Yo ya quería destruirlas a ellas y a Tele Cinco. La vibración de poética pasó a real, un tsunami en Indonesia era una broma en comparación a esto, decidí en ese momento acabar como un kamikaze japonés por su emperador, mi emperador era la paz y el silencio, y aunque cómico/dicotómico, en aquel momento decidí morir por mi causa.

El segundo movimiento de la séptima de Beethoven por fin empezó, promete tormenta ya en su comienzo, pero se va relajando en su tensión romántica, hay de repente jardines clásicos, calma, lagos en quietud, pero no abandona lo que vendrá después… ¡tan tan tan taan tan!, el tempo recordaba juegos de niños al principio, la séptima avanzó, y en el momento del “tan tan tan taan tan” la vibración encontró su hueco perfecto en la columna maestra, mis vecinas sólo pudieron intentar alcanzar el mando a distancia justo en el momento de la expulsión del último concursante de “Gran Hermano”, cuando el edificio, al final del movimiento, se empezó a desmoronar.

La causa era tan universal entonces que mi tía y mi madre (silenciosas, respetuosas y educadas) se convirtieron en ruidosas víctimas colaterales de esta guerra por el respeto mutuo, golpeaban mi puerta preocupadas mientras los adornos empezaban a caer de las estanterías, yo seguía enfrascado en mi batalla por el decoro, ya no me importaba nada más que la victoria, la lección era lo sublime, Beethoven se convirtió en mi arma de destrucción masiva-misiva.

Todo tembló, y cuando el primer ladrillo cayó delante mío esbocé la sonrisa más sincera de mi vida.

La justicia bebe sangre a veces. Los sacrificios humanos no son nada nuevo en la historia, hoy se llaman “víctimas colaterales”.

En los informativos y periódicos de los días siguientes comentaron como en un barrio obrero de Sevilla se vino abajo un edificio entero sin causa aparente, dejando decenas de muertos y heridos. Días de entrevistas a los arquitectos, testigos oculares, familiares destrozados, banderas a media asta. Alguien comentó que creyó oír música en el momento del derrumbe, pero pasó desapercibido.

Hubo guerras ganadas con el silencio del respeto. Hay kamikazes que mueren sonriendo. Desde la tumba de Beethoven se escuchó una carcajada.

Larga vida al emperador.

Y me llaman General

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Hoy me pinto de guerrilla
dispongo mis fusiles
preparo los errores como armas
los lamentos como balas
y construyo de des-memorias los morteros
las granadas
llamo a filas a los soldados de mis rabias
para que si yo caigo otro lo intente
esas rabias que son infinitas
como mis fuegos.

Y me llaman General
porque saben que hoy liquidaré al tirano
o moriré intentándolo
y no existirá jamás una tumba tan viva.

Niego la muerte
enterrado en torturas
en lo inconfeso
en lo inaccesible del exilio
no seré ya más convicto de derrotas.

Me espera el desembarco
y mientras veo la cercana orilla
sin luna pero clara
pintado de noche
afilo los cuchillos
enveneno de lágrimas los dardos
vomito esperanzas
y me envuelve la calma del punto de no retorno

ahora soy
todas las guerrillas

Y me llaman General
porque mis manos no tiemblan
porque respiro el humo y la metralla
como manjares de Olimpos
porque ayer desayuné la carne de un traidor
y su sangre me supo a miel
porque mis músculos no están en mis brazos, ni en mis hombros
sino en mi corazón
en lo férreo
en mi convicción.

Y será una victoria si tan sólo consigo que un tirano
alguna vez, en algún lugar
mire frente a frente mis fuegos
y los de mis caídos
y tiemble ante mí
pintado de guerrilla.

 

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Maxi Kohan
2009